eL bLoG dE 8B ~ GIMNASIO PEREIRA

UN DIA EN LA VIDA DE UNA SEÑORA DE SERVICIO

Posted on: junio 7, 2008

UN DIA EN LA VIDA DE

ANA, LA SEÑORA DE SERVICIO.

“Vivo bien lejos, más allá de los 2.500 Lotes, pero gracias a Dios la paso bien con mi esposo Humberto.”

Es muy cristiana y se llama Ana. Es la señora que nos ayuda en la casa. Tiene 55 años , pero se ve más vieja de los que es propio de esa edad. Es muy humilde y es la persona que yo he estado buscando para escribir mi crónica, porque detrás de esta señora que arregla casas, hay una esposa y una mujer excepcional.

“ Claro que yo no soy de aquí de Pereira, soy de Sonsón , mi padre era arriero y mi madre tenia un puestico de comidas a un lado de la iglesia . Soy la mayor de cinco hermanos , de los que hoy no mas tengo cuatro porque uno, Gilberto, se lo llevó la chusma y hasta hoy no sabemos nada de él. Claro que es que yo pienso que está muerto porque para que uno deje de hablarle a su familia tantos años, sí queda muy duro: es porque ya no es de este mundo” .

Cuando la acompañé hasta su casa me asombré, pues de verdad yo nunca había visto un barrio así de pobre y tan atemorizante. Las calles son estrechas y destapadas, y están cubiertas de un pantano grueso debido al invierno de los últimos días. No se veía sino algunos niños jugando en una acera, y un grupo de muchachos malencarados que estaban charlando en una de las esquinas. Ellos se quedaron mirándonos y me dio miedo. Ella los saludó y ellos le contestaron entre dientes.

“No se asuste, mija. Los Chinos me conocen y me respetan. Quieren mucho a Humberto que es Presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio. Ellos a la hora de la verdad nos cuidan.”

La casita está en la mitad de la cuadra. Es pequeña, tiene tres habitaciones, una sala comedor, una cocina, un baño y un pequeño patio de ropas con su lavadero. Todo es muy estrecho y las paredes están en ladrillo pelado, pero la casa es limpia y tiene un olor agradable. Hay matas por todas partes y retratos de familiares y santos.

“Hace trece años nos instalamos aquí. Era una invasión y el ranchito que teníamos era de guaduas, plásticos y cartones. Eran tiempos malos y como no había luz, ni nunca venía la autoridad, siempre había gente mala y todo era peligroso, especialmente por las noches. Pero llegaron unos tipos que de la “Mano Negra” y barrieron con todos los perniciosos. En una sola noche mataron a seis en distintos lugares del barrio y así se Volaron, y todo quedó como hoy. No faltan las peleas de borrachos y los mariguaneros, pero el barrio ha cambiado mucho.”

Ella se levanta muy temprano, a las cuatro de la mañana. Monta el café y el desayuno. A Humberto le toca inventarse el almuerzo para él y para ella. Sale corriendo porque la buseta de la ruta alimentadora número 16 hace el recorrido cada cuarenta minutos, y si no coge la de las cinco y media, llegará tarde para entrar a trabajar a las siete de la mañana. El recorrido dura una hora, y la deja en el Parque de la Rebeca.

“Durante el viaje me pongo a rezar. Tengo mucha fe en Dios y en María Santísima. Yo pertenezco al grupo de oración, el Prodine, de la Iglesia de San Francisco en el Centro del Barrio Cuba. Eso queda retirado de mi casa, pero hay que caminarle al Todopoderoso. Nos vemos los domingos a las nueve de la mañana. A veces hacemos salidas y viajes como el del final del año pasado, que fue una peregrinación al Milagroso de Buga. Fue algo muy bonito y nos dieron regalos. Yo sé que Dios existe y en él está mi confianza.”

Delgada, callada, rápida como una hormiguita, como dice mi papá, Ana es un personaje muy querido por mi familia. Nos ha acompañado en los momentos buenos y en los regulares, nos sirve con alegría y con esmero. Ella canta cuando está haciendo oficio y le gusta escuchar música vieja. Es muy pulcra con su presentación y cuida su celular como si fuera de oro.

“Fuimos haciendo poco a poco la casita. Cuando ocurrió el terremoto de Armenia, el FOREC nos dio una ayuda y con eso levantamos lo de material. Humberto es muy bueno, él trabaja con un carrito de raspado en Cuba, y los fines de semana en el Aeropuerto. No tenemos hijos, solo somos nosotros.”

Ella y su esposo se quieren de verdad. Cuando Ana se vio muy enferma hace como dos años, el esposo corría como loco de un lugar para otro, buscando los médicos y los medicamentos. Ana siempre guarda de lo que come para llevarle un poco a él. Siempre lo hace.

“Es muy tierno conmigo. Me trata como si fuera lo mejor del mundo”, dice de Humberto.

Ana tiene que salir a La Rebeca a esperar la ruta alimentadora para tomar el Megabús que la llevará al Barrio Cuba, que está en la mitad de su viaje. Ella va cansada, pero se despidió con amabilidad.

“Tengo salud, tengo trabajo, tengo casita, tengo a Humberto y tengo a Dios”, dice Ana.

Yo sé que Ana es feliz.

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