eL bLoG dE 8B ~ GIMNASIO PEREIRA

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Triste – José Asunción Silva

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CRÓNICAS DE UN DIARIO ACONTECER.

Siempre he sentido curiosidad por estar en el medio donde a diario transcurre el que hacer de mi padre. Viéndolo siempre madrugar o estar tan ausente de mi casa, con escasas noches o fines de semanas pasadas en el hogar. Llegando siempre con cara de agotamiento pero a la vez con la satisfacción del deber cumplido.

Mí padre se desempeña como Médico general de un servicio de Urgencias y de lo que llaman cuidado intensivo en un Hospital de nivel lll de complejidad.

Entiendo que es donde llegan los pacientes mas complicados del departamento.

Pues bien, me dedique a la tarea de averiguar y compartir con él uno de esos días, para el rutinarios pero que a mi me llenó de expectativas.

Era la 1 de la tarde de un día cualquiera, llego a una edificación grandísima, que ocupa una cuadra de extensión y que a simple vista no refleja las penas y sufrimientos que a diario se viven allí.

Ingreso por una puerta amplia, con vidrios gruesos pero alguno ya quebrado, y según me explica el vigilante, son golpes dados por familiares desesperados o por camillas entradas a toda velocidad y sin ningún cuidado, Encuentro un salón grande, donde se encuentran sillas de espera, ocupados por personas, que al verles el rostro de angustia y desesperación, presumo son familiares de pacientes allí hospitalizados.

Me envuelve un aire húmedo y pesado, olor a algo indescriptible , como una mezcla de todo, sudor , sangre , alcohol, a personas sin bañarse durante mucho tiempo. A la vez un ambiente triste, donde muy rara vez se ve a alguien reír con ganas.

Prosigo en el ingreso al servicio y me encuentro con unos corredores de color triste, opaco, pero eso si de una limpieza que no lo podía creer, con pisos en un momento relucientes y en otro llenos de vomito o de sangre en grandes cantidades y señoras del aseo en la tarea difícil de limpiar semejantes cosas.

Averiguo por mí padre, me informan que se encuentra en la sala de trauma, me dirijo allí, y confieso, ya un poco arrepentida y asustada de encontrarme en un lugar así.

Antes de entrar a la sala de trauma, me encuentro con una gran cantidad de camillas ocupadas por pacientes, en espera de ser ingresados a los consultorios para poder ser atendidos, pues en ese momento todos los consultorios se encuentran ocupados por pacientes supuestamente más graves que los que se encuentran en espera.

Es abrumador y deprimente ver tal espectáculo, uno se queja del estomago, otro de la cabeza, otro de dolor en el pecho. Allí uno con ulceras de las piernas que emanan un olor nauseabundo y que impregna todo a su paso, allá un habitante de la calle que tose como si se le fueran a salir los pulmones, dirigiendo palabras vulgares a los medico por no ser atendido de primero.

Pensando en que lo que sigue es menos deprimente, entro a la famosa sala de trauma, se accede al sitio por un par de puertas abatibles, metálicas, gigantes. Me encuentro con un salón grande, iluminado por unas lámparas gigantes colgadas del techo, que se mueven a necesidad, mas tarde me enteraría que se llaman cielipticas.

El olor allí encontrado no es mas agradable que el ya descrito, olor a sangre, revuelta con vomito y alcohol.

Son 4 camillas ocupadas ya por pacientes, llegados allí, victimas de la violencia en nuestro departamento, bien sea por agresión o por accidentes de transito o por caídas, mejor dicho allí ingresan los pacientes traumatizados por cualquier mecanismo.

Al fondo del salón veo a mí padre, cubierta la cara con un tapabocas y una careta plástica, con guantes calzados hasta el antebrazo los cuales se encuentran llenos de sangre, y lo mas curioso , con un delantal como de carnicero, más tarde me enteraría que son medios de protección contra las salpicaduras de sangre.

Me acerco, no veo el rostro de mi padre sino el del paciente que en ese momento atiende, se trata de un paciente joven, con una herida impresionante en la cara, gigante, que sangra a borbotones y se ven los huesos. Mí padre con una serie de pinzas trata de parar el sangrado, pinzando los vasos sangrantes. Luego de varios intentos y de pinzar acá y allá, se logra parar el sangrado. Procede a cocer la herida, llamándome la atención que lo hizo por capas, desde lo más profundo hasta lo más superficial. Gran tarea, que por lo que vi. , se requiere de una destreza y habilidad especiales, además de sangre fría. Por ultimo, cose la piel, y debo reconocer la gran habilidad, al final solo se quedo viendo una línea, ni los puntos se quedaron viendo.

El paciente, como pocos, da los agradecimientos a todas las personas que intervinieron y sale con una formula de medicamentos prescrita por mi padre.

Es cuando visualizo el rostro de mi padre, sudoroso, con las marcas del tapabocas en la cara y con la careta toda salpiqueada de sangre. Entendí entonces el por que de la misma.

Me explico lo que padecían los otros pacientes, los cuales se encontraban con huesos fracturados y próximos a colocarle los yesos respectivos. Otro de ellos, por la gravedad de la fractura, seria programado para cirugía.

Hubo un rato de calma, al preguntarle a mi padre el porque quiso ser medico, me responde.

“Son cosas del destino, en un inicio y al salir del bachillerato mi deseo eran estudiar Arquitectura, pero debido a que tenía que desplazarse fuera de la ciudad y no contar con recursos económicos suficientes, decidí ingresar a la escuela de Medicina”. Al verlo actuar y la forma como se desenvuelve en el medio, parece que toda la vida hubiera sido su sueño, la medicina.

Nos encontrábamos disfrutando de un refrigerio cuando se habré la puerta de par en par, una gente entra gritando y en una camilla veo a una niña de aproximadamente 15 años, traída por desconocidos, refiriendo que la encontraron en la calle, vomitando y quejándose del dolor de estomago. No venia ningún familiar o conocido con la paciente. La veo desmayada, con vomito cubriéndole todo el cuerpo y como temblando.

Mi padre se para con una tranquilidad pasmosa, desesperante y sin nadie haberle dicho nada, solo examina a la paciente por unos instantes. De pronto empieza a impartir órdenes, exigiendo rapidez en las acciones y repartiendo actividades entre las auxiliares y jefe de enfermería. Emite un diagnostico, sacado yo no se de donde. Dice: ” Está intoxicada, se tomó un veneno, fue campeon”. En 10 minutos y luego del manejo, la paciente ya estaba bien. Para sorpresa mía y de todos los allí presentes, se encuentra el maletín de estudiante de la niña y al revisarlo, se encuentra un sobre de veneno vació , llamado campeon.

Le pregunto a mi padre, ¿que paso? refiere que hay ciertas formas de presentación de los intoxicados y que por lo encontrado en el examen le hacían sospechar de una intoxicación por ese tipo de veneno y se actuó de acuerdo a la sospecha clínica.

¿Y si no se le hace lo ordenado?

“Habría muerto en un lapso de 20 minutos”.

Me quedo como pasmada, asustada y admirando la labor de las personas que se dedican a brindar salud. Pues por lo que pude ver no es la acción de una sola persona, sino de un conjunto, que hacen que la salud se de.

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Del clérigo López Aristizabal (1555)

A don Carlos, rey de España

Me encuentre con el pecado y me volví pecador

Después de nuestra navegación por el mar, en busca de nuevas tierras, las encontramos, llegamos a un lugar el cual tenia cosas diferentísimas a las nuestras. Los animales, aves, frutas, árboles, semillas, hierbas, peces, son de otra manera. Los habitantes, no tienen moneda ni letra son muy pecadores, hablan con el diablo, comen carne de humano, idolatran figuras.Pero lo que más me impresionó, después de lo pecadores, fue la forma en que suprimían el dolor para ser sometidos a algo doloroso. Primero se ponían de nariz a nariz y de boca a boca, como una especie de pajillas y uno de los jóvenes soplaba por la pajilla hasta que un líquido verde le pasara por su nariz y boca, su cuerpo quedaba totalmente anestesiado. Todos los clérigos que fuimos confirmamos que eran más pecadores de lo que creíamos.Después de muchos meses comenzamos a traducir su lengua, enseñarles nuevas costumbres pero especialmente enseñarles nuestra religión para que el creador de todas las cosas los perdonara y no fueran castigados después.A veces me pregunto: ¿hicimos bien en enseñarles nuestras costumbres y creencias? Ya que dañamos una cultura que poco a poco se fue perdiendoPero bueno, me hice esta pregunta mil veces, pero me di cuenta que los del nuevo mundo estaban siendo sometidos a trabajos durísimos por los conquistadores, como esclavos, así que decidí luchar por los indios. Si por mi ayuda llego a la muerte, no me importa, voy a luchar por ellos voy a hacer lo imposible para que sean liberados de ustedes así no haya nacido en estas tierras de dolor.Me encontré con el pecado y me volví pecador, esta frase me describe y espero que entienda porque razón me interesé en la cultura del nuevo mundo así, mi creador y el creador de estas personas no nos perdone creo que estoy siendo mejor que su pueblo.


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